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	<title>Christian Dolz</title>
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	<description>Diseño gráfico, imagen corporativa, ilustración y fotografía.</description>
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		<title>Relato – Muere joven y deja un bonito cadáver (Primera parte)</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Dec 2012 22:35:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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<p>Andrés Martínez abrió los ojos una fría mañana de domingo, como de costumbre, pero en el preciso instante en el que lo hizo, supo que no iba a ser un día normal. Amaneció con los extremadamente molestos y perseverantes golpes del martillo de sus vecinos, que al parecer creyeron conveniente posponer las tareas domésticas hasta la mañana del último domingo de octubre. «Hay que joderse», fue el primer pensamiento que atisbó Andrés en su mente, todavía a medio camino entre el reino de lo onírico y lo real.</p>
<p>Se despegó la colcha con desgana y se puso unas pantuflas desgastadas, abrió la pantalla de su ordenador portátil, ojeó su correo, comprobó los titulares del día en un portal de noticias y toda su atención la acaparó un contundente titular: “Tres chicas muertas en una fiesta de Halloween en Madrid”.</p>
<p>Al parecer, una marabunta humana que trataba de escapar una de las escasas salidas de emergencia abiertas en un macroconcierto, se acabó cobrando la vida de varias jóvenes, víctimas del pánico generalizado. El golpeteo incesante de la pared contigua le impedía concentrarse en la lectura, y tras acabar agotado de saltar de una línea a otra sin poder profundizar en el artículo, bajó la tapa del ordenador.  Después de reflexionar durante unos minutos, se encaminó hacia el cuarto de baño para lavarse la cara envuelto en una aguzada pesadumbre.</p>
<p>Mientras se miraba en el espejo tuvo la sensación de que la pared de su dormitorio iba a ceder de un momento a otro debido a la insistencia de su vecino con el martillo, lo cual le hizo perder el hilo rápidamente de los titulares del día. Su ceño se frunció instintivamente mientras vertía pasta de dientes sobre el cepillo y se imaginaba retorciéndole el pescuezo  al vecino, tomando su martillo y regresando a la cama satisfecho. Tan solo el tono de llamada de su teléfono móvil le sacó de sus elucubraciones. Acabó de cepillarse los dientes con apuro y, mientras se enjugaba la boca, el teléfono dejó de sonar.</p>
<p>Al llegar a la habitación comprobó que, efectivamente, en la pantalla de su móvil se mostraba, tal y como cabría esperar, una llamada perdida. En ella podía leerse: «Una llamada perdida de Alicia» . Hacía más de cuatro años que Andrés había perdido el contacto con Alicia. Les unió un fugaz pero férreo vínculo tiempo atrás, pero ahora se trataba del tipo de amistad que pende de un frágil hilo. En otras palabras, el tipo de amistad olvidada que, con una afirmación mal elegida, exhala su último aliento. Andrés cayó en la cuenta de ese hecho y decidió llamarla más tarde. Dejó el móvil sobre la mesa de su escritorio y se encaminó, tambaleante, hacia la cocina con la idea de preparase un café.</p>
<p>Mientras vertía con cuidado una cucharada de azúcar en el interior de su taza, Andrés cayó en la cuenta de que se había comprometido con Alicia hacía cosa de dos semanas para ponerse al día. No obstante, eso ahora le suponía una complicación. había sido una semana agotadora en la oficina y casi no había tenido tiempo para sí mismo. El mes pasado la empresa para la que trabajaba le había anunciado su inminente traslado como comercial a Tokio, y desde entonces tomarse un respiro le parecía un capricho entre el trabajo y su curso intensivo de japonés. Al llegar a casa, las paredes del que había sido su piso durante los últimos tres años se le antojaban pequeñas y asfixiantes. A menudo sentía la necesidad de salir al balcón a llenarse los pulmones de aire fresco y recomponerse. Otras, sencillamente le asaltaba el impulso de bajar al portal y abonar el importe de la cuenta de su habitación y huir lejos de allí, a algún país remoto. La intranquilidad se había vuelto algo cotidiano o, en otras palabras, estaba conociendo en primera persona el significado del concepto de estrés.</p>
<p>En resumidas cuentas, de lo último que tenía ganas en ese preciso instante era de bajar a tomar algo tal y como había pactado con Alicia. Puso un poco de orden en su piso con total desgana mientras se acostumbraba rítmico y ancestral golpeteo del martillo y se preguntaba qué clase de lienzo pretendería colgar habiendo invertido la práctica totalidad de la mañana en dicho menester, y se echó en la cama abatido. Al principio no pudo vislumbrar nada en su mente, pero poco a poco consiguió evocar en su memoria algunos recuerdos junto a Alicia, así como junto con el resto del grupo de amigos de la universidad. Hasta que de pronto abrió la caja de Pandora de su memoria recóndita, mucho antes de la universidad, en la secundaria, y sin darse cuenta Alicia ganó todo el protagonismo, y tuvo dieciséis años una vez más.</p>
<p>No tenía ni la menor idea de donde había salido aquella memoria, pero el caso es que cuando quiso darse cuenta se vio a sí mismo saliendo de la cama de una Alicia también con dieciséis años, vistiéndose a toda prisa  y dejándola atrás no sin antes tomar las sábanas del suelo, extenderlas con cuidado y cubrir el cuerpo desnudo de ella. De pronto lo recordaba con toda nitidez. Besó su cuello, acarició su cara, recorrió su cintura con la mano, y salió de la habitación con un terrible dolor de cabeza. Escapando a hurtadillas con el corazón en un puño, temiendo despertar a los padres de Alicia en el piso de arriba.  Como si trazase sobre el papel una línea de un punto A a un punto B, se sobrevino el recuerdo de que tras aquel desliz, sin saber muy bien el como el porqué, de manera natural ambos hicieron como si nada hubiese pasado.Con el paso del tiempo, como era de esperar, todo se enfrió y el distanciamiento se hizo inevitable.</p>
<p>Mientras se preguntaba por qué no pudo haberse dado cuenta de todo aquello en el momento, reflexionaba sobre como se evidenciaban los vínculos de las relaciones humanas a posteriori, Andrés se sumió en un profundo sueño. Sin darse cuenta tenía dieciséis años. Estaba en la cama de Alicia una vez mas. Recorrió los contornos de su cuerpo con sus manos, y besó sus carnosos labios. Solo existían ellos dos y el universo estaba a miles de años luz de ambos. El ritual tocó a su fin mientras cuerpos se fueron fundiendo en uno solo y, así, se vio a sí mismo riéndose del dios de la muerte en la cama de Alicia, una asfixiante noche de verano.</p></div>
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		<title>Cambio de rumbo</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Nov 2012 22:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Aprovecho el rediseño de la Web para anunciar un cambio en el rumbo del Blog, y es que a partir de éste momento he decidido que lo usaré para publicar escritos de todo tipo y comentar temas más diversos, y no únicamente para hablar de diseño gráfico. Con esto espero también poder actualizarlo con más regularidad.</p>
<p>Si bien no me considero un escritor nato, si encuentro realmente placentero plasmar mis pensamientos en forma de textos y espero que alguien pueda considerarlos de utilidad o, al menos de entretenimiento.</p>
<p>Quiero recordar también que una de las múltiples funciones del formulario de contacto será la de que podáis manifestarme cualquier tipo de opinión respecto a mis diseños o textos.</p>
<p>Sin más, me despido poniendo de nuevo la maquinaria en marcha <img src='http://christiandolz.com/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /> </p>
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